Los riesgos de la deshidratación en la tercera edad

Con el paso de los años nuestro organismo envejece y todos los mecanismos del cuerpo se degradan poco a poco. En concreto cuando nos falla el equilibrio hídrico empezamos a correr un peligro grave de deshidratación. De hecho la deshidratación es uno de los problemas más habituales entre las personas hospitalizadas mayores de 65.

La definición más básica de deshidratación sería la pérdida de líquidos en nuestro organismo, reduciéndose de esta forma el contenido total de agua corporal.

 

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El consumo de agua en personas mayores

Al llegar a la tercera edad sufrimos una serie de cambios fisiológicos. Esto sumado a un menor consumo de líquidos, una mayor pérdida de fluidos y finalmente a una menor cantidad de agua corporal, puede acabar deviniendo en deshidratación.

La sed es la herramienta que utiliza nuestro cuerpo para hacernos saber que necesita hidratarse. Al llegar a la tercera edad esta sensación de sed suele disminuir lo que lleva inevitablemente a un menor consumo de líquidos y por consiguiente a una hidratación deficiente.

Además encontramos otros factores de riesgo que aumentan el riesgo de deshidratación como pueden ser una capacidad más limitada de deglución, problemas de comunicación y/o comprensión o simplemente una movilidad reducida. Por otro lado la deshidratación puede aparecer por factores medioambientales como son la temperatura, o factores iatrogénicos tales como la medicación con laxantes.

Las consecuencias de la deshidratación

Ya hemos hablado en otras ocasiones acerca de las numerosas funciones que cumple el agua en nuestro organismo y de su vital importancia.

Tanto es así que es sabido que un alto porcentaje de las muertes de ancianos en hospitales está relacionado con la deshidratación.

La importancia del agua es tal que, incluso una deshidratación leve, puede afectar a las funciones de nuestro cuerpo llegando a producir estreñimiento, disfunción de las glándulas salivales, alteración de funciones cognitivas, etc…

Para prevenir esto y mejorar la hidratación en los mayores, se recomienda un consumo de 2 vasos de agua extras al día en las residencias.

agua tercera edad

El problema económico de la deshidratación

Estudios realizados en EEUU demuestran que la carga económica que trae consigo los ancianos hospitalizados por deshidratación es sustancial.

La instalación de máquinas de agua purificada conectadas a la red en residencias, viviendas o lugares de trabajo facilitaría el acceso a agua de calidad a nuestros mayores o a sus cuidadores, beneficiándose tanto ellos en su salud como todos los demás al reducir el gasto en hospitales.

Prevenir la deshidratación en la tercera edad es algo fundamental. Resulta complicado diagnosticarlo puesto que no es sencillo reconocer los síntomas en ancianos, especialmente porque ciertos síntomas llegan incluso a desaparecer (aumento de la sed). Pero lo que sí está claro es que la mejor bebida para luchar contra ella es el agua y esta debe tomarse en las cantidades recomendadas diariamente y buscando siempre que sea de calidad.

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